COLUMNA DOMINICAL
¿INTERNET ES EL CULPABLE?
Por: Julián David Rincón Rivera (Colombia)
Correo electrónico: rinconriverajulian@gmail.com

Los resultados de las pruebas PISA en Colombia fueron claros y contundentes: El 71% de los estudiantes no superó el nivel básico de competencia en matemáticas. El 55% de los estudiantes no logró superar el nivel básico en lectura. Solo el 1% de los estudiantes lograron alcanzar niveles altos en las dos áreas anteriormente mencionadas. Ciencias fue la única área donde se reconocieron mejoras, aunque muy leves. La cosa se pone interesante cuando se evidencia un deterioro en el rendimiento escolar en los 91 países evaluados. Varios expertos y analistas sugieren que el impacto y la influencia del uso e implementación de internet y las redes sociales repercute en los resultados. El debate, una vez más, está servido sobre la mesa.
Sinceramente, retornar a este debate puede resultar algo repetitivo y tedioso. Aun así, no se puede negar que resulta muy tentativo decir que los jóvenes son unos estúpidos. No en forma de burla, mofa o crítica, sino en lo impactante y chocante que este término puede generar.
Ahora bien, vuelvo a escuchar con insistencia esa acusación directa a internet. Acusación que, a mi parecer, carece de fundamento. Recordemos que los expertos y especialistas no acusan a internet en sí misma, sino su uso. Para demostrarlo, un ejemplo, un tanto descabellado e irracional, pero efectivo. Cuando una persona lastima a otra con un destornillador, es irracional culpar al destornillador por el daño. El culpable es el agente que acciona la herramienta de manera inadecuada, no la herramienta en sí misma. Con internet ocurre algo similar.
Esta maña y costumbre de culpar a alguien o algo más es algo muy común y frecuente, además de fácil y conveniente. Ese es, precisamente, el problema. Si bien internet es una herramienta que facilita enormemente los procesos, también es una herramienta que nos permite acceder a la información y el conocimiento, comparar opiniones o ideas, descifrar hipótesis y teorías. En este sentido, se trata, realmente, de una decisión. Somos nosotros, los usuarios, los que determinamos cómo implementamos y usamos internet. Somos nosotros quienes decidimos si usar la calculadora antes que intentar hacer un problema matemático por nuestra propia cuenta. Somos nosotros quienes decidimos si grabar un número en la memoria del celular o intentar grabarnos el número en la mente. Somos nosotros quienes decidimos ubicarnos en una ciudad desconocida con Google Maps o procurar hacerlo con la nomenclatura urbana.
Los especialistas, en términos generales, culpan a la sociedad, no a internet, pero lo hacen de una manera discreta y disimulada. No es culpa de los expertos que la sociedad malinterprete sus hipótesis. De esta manera, la afirmación de que la sociedad es estúpida no parece una exageración. Como botón de muestra, la evidencia del efecto Flynn, mejor dicho, el efecto a la inversa.
Para hablar de este efecto, es necesario aclarar un punto fundamental.
¿Qué es inteligencia?
Mucho se habla de la inteligencia. Muchos hablan de diferentes tipos de inteligencia. Algunos refieren la capacidad de adquirir conocimientos, otros hablan de la capacidad para resolver problemas, algunos refieren la habilidad para adaptarse a los contextos y circunstancias, otros tantos hablan de un concepto que comprende y abarca todo lo anterior. La inteligencia es un concepto muy amplio, complejo y podríamos decir que difícil de condensar en una sola idea.
Una opinión muy popular, relacionada con la inteligencia, habla sobre la capacidad de plasticidad del cerebro. Esa maravillosa habilidad que le permite moldearse y adaptarse a las circunstancias a las cuales se enfrenta. Una habilidad que hace unos años se creía única y exclusiva en los niños y los primeros años de vida. Sin embargo, estudios recientes han demostrado que esta capacidad de plasticidad es una habilidad que no se pierde, pero sí se modifica y “deteriora” con el paso de los años. Dicho deterioro se pronuncia a razón de la falta de práctica y uso del cerebro. Aquí, internet vuelve a tener repercusión y protagonismo. Aun así, no es la única y exclusiva causa. Muchos especialistas hablan de otros factores que repercuten en la capacidad cerebral como lo son la contaminación, la presencia masiva de elementos químicos en cosméticos y alimentos, hábitos de vida poco saludables. Internet, en este sentido, gana muchos adeptos a razón de una casual coincidencia cronológica que lo hace vulnerable a ser foco de las principales acusaciones.
La propuesta del estudio Flynn sugiere que el índice de coeficiente intelectual mundial venía en alza constante hasta mediados de los años noventa, aproximadamente. Para el nuevo milenio, el índice comenzó a estabilizarse en la horizontal. Ya en el nuevo siglo, los resultados no tendían hacia una mayor inteligencia, sino que se mantenían en una constante.
¿Habíamos alcanzado nuestro punto culmine de inteligencia?
Para mediados del 2010, la curva empezó a ir a la baja, hasta que fue inevitable no considerar que la humanidad estaba perdiendo gradualmente su capacidad intelectual. El hecho de que este cambio tan drástico en el índice de coeficiente intelectual surgiera en concordancia con la revolución tecnológica llevó a muchos a hablar de una correlación entre esta revolución y el efecto Flynn.
¿Es realmente esta concordancia cronológica una correlación o una simple casualidad?
En consecuencia, a muchos se les hizo muy fácil culpar a internet de la decadencia intelectual. Aunque cierto sentido tiene, vuelvo a repetirlo, internet no es el verdadero culpable.
Evidentemente, internet modificó drásticamente la manera como concebimos el mundo y la realidad. Modificó los mecanismos, facilitó los procesos, alteró las normas y las tradiciones. Facilitó muchas cosas, tanto así, que la mayoría estamos encantados y felices con su uso e implementación. El gusto es tal, que muchos ya no son capaces de concebir la vida sin la implicación e influencia de la tecnología. Ese es el real problema de internet: nos volvimos dependientes de él, especialmente de su facilidad y comodidad. Esa facilidad llegó a nuestros procesos cognitivos. Claro que no usamos la cabeza como la usábamos hace veinte o treinta años. En este sentido, parece ilógico pretender evaluar nuestras capacidades cognitivas hoy en día como se hacía hace veinte o treinta años. Si así se hace, los resultados cambiarían, a razón de que el mundo ha cambiado. Esto no debe significar necesariamente que nos hemos hecho más estúpidos. Internet nos ha obligado a modificar nuestros hábitos de vida para poder adaptarnos a las nuevas dinámicas tecnológicas. El cerebro ya no trabaja como lo hacía antes, dejó de utilizar esas habilidades ancestrales para desarrollar unas nuevas habilidades tecnológicas que le han permitido a la humanidad adaptarse a la mecanización de las tareas. El ser humano ha echado mano de esa capacidad de plasticidad para adaptarse a las nuevas formas de revolución tecnológica. El cerebro se ha transformado, ha cambiado, se ha desarrollado. En este sentido, estamos aplicando la mayor de las habilidades intelectuales de las que somos capaces: Adaptarnos a las nuevas circunstancias.
El problema, realmente, radica en que el ser humano, como es habitual, se dejó llevar por la emoción y el entusiasmo. No nos adaptamos a las circunstancias, las circunstancias nos han manipulado. Superamos ese umbral de implementación y manipulación a una forma de dependencia que es una exageración en sí misma. Proceso a partir del cual nos dejamos llevar por el camino más fácil, rápido y eficaz. Nos acostumbramos tanto a dicho facilismo, que ya no toleramos otra cosa diferente. Esto nos hace caprichosos, obstinados, cansones y fastidiosos. Tanto así, que le echamos la culpa a la tecnología. ¿Nosotros los culpables? Nunca. Eso implicaría más trabajo, más esfuerzo, mayor compromiso, dedicación, esmero, conciencia, sensatez y estamos muy cansados para todo eso.
La plasticidad del cerebro se está perdiendo, no por causa de internet, sino porque esa fue nuestra decisión. Al final, la estupidez es norma, ya que es el camino, la alternativa más fácil y rápida. Lo que hemos escogido como sociedad.
AUTOR: JULIÁN DAVID RINCÓN RIVERA (COLOMBIA)
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Julián David Rincón Rivera, segundo de dos hijos, nacido en Bogotá, Colombia el 7 de abril de 1994. Profesional de Cultura Física, Deporte y Recreación.
Lector apasionado, escritor por elección, músico por diversión.
Cuenta con tres publicaciones antológicas con la editorial ITA, además de dos publicaciones en proceso, también de carácter antológico, con factor literario y la editorial mítico.
Con varias publicaciones en revistas de américa latina, encuentra en la escritura el mejor sustento para su vida.
Instagram: @relatero_literal
